Hay momentos en que uno se arrodilla y no sale nada. Ni una frase. El apóstol Pablo escribió sobre eso.
«Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.»Romanos 8:26 · Reina-Valera 1960
Una oración puede ser una sola frase: «Señor, ayúdame». También sirve leer un salmo en voz alta, por ejemplo el Salmo 23, y dejar que esas palabras digan lo que uno no alcanza a decir.
Y si no puede orar solo, pida que oren con usted. Para eso es la iglesia.


